Yolanda Andrade adquirió un nicho en la Plaza Mariana, junto a la Basílica de Guadalupe, tras su diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica. El espacio tiene un precio de 25 mil 300 pesos más mantenimiento anual.
Hermana de Yolanda confirmó la compra
La noticia fue confirmada por Marilé Andrade, hermana de la conductora, en entrevista con medios de espectáculos. “Sí, ahí compró un nicho y bueno, algunos, donde quiere que esté ella y tal vez su mamá”, señaló Marilé, quien explicó que la decisión busca mantener unida a la familia incluso después de la muerte.
La familia indicó que la compra responde al deseo de Yolanda de organizar sus asuntos personales ante la enfermedad degenerativa que enfrenta.
Sin disponibilidad en el recinto principal
Infobae México corroboró con la administración de la Basílica de Guadalupe que actualmente no hay nichos disponibles para nuevos solicitantes dentro del recinto principal. Sin embargo, los interesados pueden adquirir un espacio en la Plaza Mariana, ubicada entre el atrio principal y el acceso a la Basílica.
El precio por cada nicho en ese complejo es de 25 mil 300 pesos en un solo pago. Además, se debe cubrir un pago anual de mil 173 pesos por mantenimiento, monto que se actualiza cada año.
Un columbario subterráneo de dos niveles
La Plaza Mariana es un complejo arquitectónico de 68 mil metros cuadrados adjunto a la Basílica, inaugurado en 2011 y diseñado por el arquitecto Fernando Romero. El proyecto fue impulsado por la Fundación Carlos Slim con el objetivo de ampliar el atrio y mejorar los servicios para los peregrinos.
El complejo incluye un columbario subterráneo de dos niveles con miles de nichos para cenizas e iluminación cenital con forma de la Virgen. Asimismo, cuenta con un centro de evangelización, auditorios, salas para congresos y un museo dedicado al acervo histórico y artístico del culto guadalupano.
El diseño arquitectónico, ejecutado entre 2006 y 2010, se basa en una cruz de cristal que divide el espacio en cuatro volúmenes inspirados en símbolos religiosos. La idea surgió en 2001 ante la necesidad de dar desahogo a los millones de visitantes que acuden al santuario cada año.





