La veterinaria Cristina Mora de Aragón advierte que elegir un loro por su capacidad de hablar, sin considerar sus necesidades sociales y cognitivas, es uno de los errores más frecuentes.
Un animal con necesidades que van más allá de repetir palabras
Mora de Aragón, especializada en aves, señaló que estas especies requieren interacción diaria de calidad, estímulos frecuentes y estabilidad en sus rutinas. Mantener siempre los mismos juguetes o limitar el contacto a unos minutos junto a la jaula puede resultar insuficiente para cubrir esas necesidades.
La especialista precisó que los loros pueden identificar a las personas con las que conviven, aprender horarios de alimentación, anticipar actividades y reaccionar ante cambios en sus rutinas. Su comunicación tampoco se limita a repetir palabras: vocalizaciones, movimientos, postura corporal y posición de las plumas también forman parte de sus señales.
“Son animales con una vida emocional y cognitiva muy compleja, con unas necesidades sociales enormes”, explicó Mora de Aragón. Agregó que detrás de la habilidad para repetir frases existe “un animal con una inteligencia enorme y con unas necesidades muy concretas”.
Gritos, conductas repetitivas y daño en las plumas, señales de alerta
La especialista indicó que cuando un loro pasa prácticamente toda la jornada en la jaula sin suficiente interacción, pueden aparecer consecuencias como gritos excesivos, frustración, destrucción de objetos y conductas repetitivas. En determinados casos, el ave también puede comenzar a dañarse o arrancarse sus propias plumas.
Sin embargo, la pérdida o el daño de plumas no debe atribuirse automáticamente a un problema de comportamiento. Mora de Aragón recomendó descartar primero causas físicas mediante la evaluación de un veterinario especializado.
Asimismo, el aburrimiento es otro factor considerado por los especialistas. Los loros están preparados para desplazarse, explorar, buscar alimento y relacionarse, actividades que pueden verse limitadas cuando permanecen muchas horas en un entorno sin cambios.
Rotación de juguetes y tiempo fuera de la jaula, entre las medidas recomendadas
Entre las medidas para introducir variedad en la rutina del ave, la especialista mencionó la rotación de juguetes, la incorporación de objetos que puedan manipular y la creación de oportunidades para que busquen alimento, en lugar de ofrecer siempre las mismas condiciones.
El contacto social también forma parte de sus necesidades, lo que implica reservar momentos para interactuar con el ave y observar qué actividades despiertan su interés, sin reducir la convivencia únicamente al aprendizaje de palabras o sonidos.
Cuando el entorno lo permite y existen condiciones de seguridad, también pueden habilitarse perchas, espacios de juego y periodos supervisados fuera de la jaula para ampliar las posibilidades de movimiento, exploración e interacción del animal.
La decisión de tener un loro implica además un compromiso prolongado: algunas especies pueden vivir varias décadas, por lo que su cuidado puede extenderse durante buena parte de la vida adulta de una persona.





