Fe, manipulación y un fugitivo la inquietante serie de Netflix que causa debate
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Fe, manipulación y un fugitivo la inquietante serie de Netflix que causa debate

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La miniserie Los no elegidos se ha convertido en uno de los títulos más comentados de Netflix al mezclar el drama íntimo de una familia con el terror psicológico que se vive dentro de una secta religiosa cerrada en el Reino Unido.

La producción, creada por la guionista Julie Gearey, se inspira en relatos y testimonios reales de comunidades extremistas para construir una historia de seis capítulos marcada por el suspenso, la culpa y la manipulación de la fe como herramienta de control social.

El punto de partida es La Hermandad de lo Divino, una comunidad que vive aislada, con estrictas reglas que prohíben la tecnología, reservan a las mujeres al trabajo doméstico y consolidan la autoridad de los hombres como figuras de poder incuestionable.

En este entorno se mueven Adam, interpretado por Asa Butterfield, y Rosie, encarnada por Molly Windsor, un matrimonio que sigue las normas hasta que un hecho inesperado golpea su aparente tranquilidad: durante una celebración religiosa en el campo, una tormenta irrumpe, su pequeña hija se pierde en el bosque y cae a un estanque, poniendo en marcha una cadena de decisiones que lo cambiará todo.

La niña, con problemas de audición, confunde los truenos con el temido Rapto anunciado por las escrituras y huye aterrada, mientras el resto de la comunidad se refugia en la iglesia. En medio del caos, Rosie desobedece la orden de que las mujeres se queden resguardadas y sale a buscar a su hija, a la que encuentra luchando por no ahogarse. Es entonces cuando aparece Sam, un hombre ajeno a la comunidad, quien se lanza al agua y rescata a la menor, convirtiéndose de inmediato en un elemento disruptivo en un grupo que ve a todos los de afuera como no elegidos y que castiga con dureza cualquier contacto con el mundo exterior.

Sam no es solo un desconocido, también es un fugitivo de la justicia, un preso que escapó mientras cumplía condena por el asesinato de su novia. Este pasado oscuro, sumado al hermetismo de la secta, alimenta la tensión que se desarrolla en los episodios.

A partir de su irrupción, Rosie comienza a cuestionar las verdaderas intenciones de la comunidad y las limitaciones del mundo en el que ha crecido, mientras su matrimonio con Adam se resquebraja y la figura de Sam aparece como una especie de salvador ambiguo, atrapado entre la culpa, la violencia y una búsqueda de redención que nunca termina de aclararse.

El final de Los no elegidos lleva ese conflicto al límite. Rosie logra huir de la secta junto a su hija, perseguida por Sam, que intenta detenerlas en un momento de máxima tensión y que, finalmente, le perdona la vida a la protagonista en una suerte de catarsis vinculada con la muerte de su antigua pareja.

Aunque madre e hija consiguen escapar, el giro más inquietante llega cuando, contra todo pronóstico, Sam termina convertido en líder de la comunidad, encontrando en la secta el único lugar donde puede ocultarse de la prisión y de su propio pasado, mientras el grupo permanece atrapado en la misma lógica de manipulación y obediencia ciega.

La crítica especializada ha destacado la capacidad de la serie para sostener el suspenso y la atmósfera opresiva que caracteriza a este tipo de grupos religiosos, aunque también ha señalado que se trata de un relato predecible y de un reparto desaprovechado, lejos de las grandes producciones del catálogo de la plataforma.

Pese a ello, el formato breve, el tema de las sectas y el cruce entre fe, control y violencia emocional han resultado suficientes para captar la atención del público y colocar a Los no elegidos entre esas historias que, sin ser perfectas, invitan a reflexionar sobre hasta dónde puede llegar la manipulación cuando se disfraza de salvación espiritual.

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