Millonaria celebró sus 61 años con 800 invitados y al día siguiente ingresó a un convento
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Millonaria celebró sus 61 años con 800 invitados y al día siguiente ingresó a un convento

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Ann Russell Miller organizó su última gran fiesta en el Hotel Hilton de San Francisco el 30 de octubre de 1989 y al amanecer voló a Chicago para convertirse en monja de clausura.

Una fiesta de despedida con canapés de camarones y caviar

La celebración comenzó con una misa en la Catedral de Santa María de la Asunción y continuó en el Hotel Hilton, donde 800 invitados la vieron por última vez con un vestido negro de lentejuelas plateadas, tacos altos y una corona de flores. Ann llevaba atado a la muñeca un globo de helio con la frase “Acá estoy”. Esa noche pronunció la frase que resumía su decisión: había dedicado 30 años a sí misma, 30 años a sus hijos y ahora se proponía dedicar 30 años a Dios.

A la mañana siguiente voló al aeropuerto internacional O’Hare de Chicago y fue directo al convento de las Hermanas de Nuestra Señora del Monte Carmelo en Des Plaines, Illinois, donde recibió el nombre de hermana Mary Joseph. Nunca más volvió a maquillarse, a subirse a un avión ni a pisar un centro comercial, según relató su hijo Mark R. Miller en un artículo publicado por The Guardian en 2021.

De mansión de Pacific Heights a celda con tabla de madera

Ann Russell Miller había nacido el 30 de octubre de 1928 en San Francisco en el seno de una familia de élite: su padre fue presidente de la compañía ferroviaria Southern Pacific Railroad y su madre estaba emparentada con los dueños del Banco Wells Fargo. Se casó en 1948 con Richard Miller, heredero vinculado a los servicios públicos de gas y electricidad de California y a la empresa cafetera Folgers Coffee, con quien tuvo diez hijos.

La familia vivió en una casona de 840 metros cuadrados en el exclusivo barrio de Pacific Heights, con nueve habitaciones, diez baños y ascensor. Ann integraba 22 juntas directivas, fue cofundadora de la fundación ARCS para becas en ciencia e ingeniería, organizaba safaris en el Serengeti, buceo en cráteres de Hawái y expediciones arqueológicas, y compraba ropa en Givenchy y Versace. Su colección de zapatos ocupaba un mueble de cedro diseñado a medida.

Al ingresar al convento cambió esa vida por una celda con barrotes de metal, una tabla de madera cubierta por un delgado colchón y sandalias de la orden. Las hermanas podían hablar entre sí únicamente en dos horas al día, y las visitas familiares se realizaban a través de un doble enrejado metálico, sin contacto físico y bajo supervisión de la Madre Superiora.

La promesa que selló el camino al convento

La decisión tuvo un detonante concreto: un pacto con su marido Richard, quien murió de cáncer en septiembre de 1984 a los 58 años. La pareja había acordado que quien quedara solo primero dedicaría su vida a Dios, señaló el relato de su hijo Mark. Entre la muerte de Richard y el ingreso al convento, Ann pasó cinco años de preparación.

En 1987 se reunió por separado con sus hijos —un día con los varones, otro con las mujeres— para comunicarles su intención de hacer votos de castidad, obediencia y pobreza. Algunos se sintieron abandonados; otros pensaron que se le pasaría. Ann no reconsideró. Viajó a Europa, Sudamérica y el Lejano Oriente para despedirse de amistades, repartió sus propiedades entre hijos e instituciones, regaló pañuelos Hermès, zapatos, carteras y joyas, y entró al convento con lo puesto.

Rechazó también una propuesta de matrimonio de su amigo de la infancia Corky Bowles, quien se la hizo mientras navegaban en su yate privado por el Mediterráneo. Ann sonrió y le dijo que no: ya tenía decidido casarse con Dios, precisó el artículo de The Guardian.

32 años de clausura y una despedida por teléfono

Muchos de sus conocidos apostaban a que no aguantaría ni un año dentro de la orden. Ann superó los cinco años del noviciado y se mantuvo recluida casi tres décadas. Se perdió bodas, nacimientos de nietos, graduaciones y la muerte de su propia madre Louise en 1997, a los 99 años. Su hijo Douglas murió en 2002, diecinueve años antes que ella, sin que Ann pudiera salir del convento.

De los 28 nietos que nacieron durante sus años de clausura, muchos no llegaron a conocerla. De sus 16 bisnietos no alzó en brazos a ninguno. Su hijo Mark, autor del artículo en The Guardian, la vio únicamente dos veces en casi 32 años. Cuando le avisaron que estaba por morir, pidió que le pusieran el auricular en el oído: “No dije nada. Solo canté I Was Born Under a Wand’rin Star del musical Paint Your Wagon. Luego, sencillamente, corté la llamada”, relató Mark.

El 5 de junio de 2021, Ann Russell Miller murió a los 92 años por complicaciones derivadas de un derrame cerebral. Su funeral se realizó en un pequeño jardín dentro del convento, con un cajón de madera sencilla, y solo asistió su familia.

Dato Detalle
Nombre religioso Hermana Mary Joseph
Nombre civil Mary Ann Russell Miller
Fecha de nacimiento 30 de octubre de 1928, San Francisco, EE. UU.
Fecha de fallecimiento 5 de junio de 2021
Edad al morir 92 años
Causa de muerte Complicaciones de un derrame cerebral
Fecha de ingreso al convento 31 de octubre de 1989
Convento Hermanas de Nuestra Señora del Monte Carmelo, Des Plaines, Illinois
Orden religiosa Carmelitas descalzas
Esposo Richard “Dick” Miller (fallecido en septiembre de 1984)
Hijos 10 (Donna, Douglas, Richard, Janet, Marian, Leslie, Donald, David, Mark y Elena)
Años en clausura Casi 32 años
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