Un reducido conjunto de alhajas históricas, conocidas como “joyas de pasar”, está reservado exclusivamente para las reinas de España por disposición testamentaria de la reina Victoria Eugenia.
Un legado que va de reina en reina
La familia real española no posee joyas de la Corona como otras monarquías europeas. A diferencia de Reino Unido, Países Bajos o Dinamarca, la mayor parte de las alhajas históricas pertenecen al patrimonio privado de la familia y no al Estado.
La excepción es el conjunto conocido como “joyas de pasar”. Fue la reina Victoria Eugenia quien, en su testamento, dispuso que determinadas alhajas debían transmitirse siempre al jefe de la Casa Real para que pasaran a la siguiente reina de España. Esa decisión impidió que las piezas se repartieran entre distintos miembros de la familia.

Durante décadas, las joyas acompañaron a Victoria Eugenia, María de las Mercedes y la reina Sofía en momentos clave de la historia reciente de la monarquía. Hoy las luce la reina Letizia y, cuando llegue el momento, la princesa Leonor será su siguiente custodio.
Ocho piezas de valor histórico y sentimental
El lote está integrado actualmente por ocho piezas: una tiara, dos broches, tres collares, dos pulseras gemelas y unos pendientes elaborados a partir del célebre collar de chatones.
| Pieza | Descripción |
|---|---|
| Tiara de flores de lis | Creada por Ansorena para la boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Platino, diamantes y perlas. |
| Collar de chatones (x2) | Originalmente un collar rivière regalo de boda de Alfonso XIII. Victoria Eugenia lo dividió en dos collares. |
| Pendientes de chatones | Elaborados con dos diamantes del collar rivière original. |
| Dos pulseras gemelas | Creadas reutilizando una antigua joya de la colección. Letizia las usa juntas o por separado. |
| Collar ruso | Compuesto por 37 perlas naturales. Su historia se remonta al siglo XIX. |
| Gran collar de cuatro vueltas | Cuatro hilos de perlas naturales calibradas. Ni Sofía ni Letizia lo han lucido en público. |
| Broche de perla gris | Gran perla gris pálida rodeada de brillantes con perla en forma de pera colgante. |
| Broche de La Peregrina | Broche al que colgaba la célebre perla. Ya no está en Zarzuela; pertenece a Simoneta Gómez-Acebo. |
La tiara y los chatones, las más usadas
La tiara de flores de lis es considerada la pieza más solemne del conjunto. Fue el regalo de compromiso que Alfonso XIII hizo a Victoria Eugenia y desde entonces ha acompañado a todas las reinas en grandes cenas de Estado y recepciones oficiales.

Los pendientes y las dos pulseras gemelas son, junto a la tiara, las piezas del lote que la reina Letizia ha lucido con mayor frecuencia desde su llegada al trono. Las pulseras nacieron cuando Victoria Eugenia desmontó una pequeña corona que ya no encajaba con las modas de su época y reutilizó sus diamantes para crear dos piezas idénticas.

El collar rivière de chatones creció con el tiempo porque cada celebración familiar añadía un nuevo diamante. Cuando alcanzó tal longitud que resultaba difícil de portar, Victoria Eugenia decidió dividirlo en dos collares distintos y aprovechar dos de sus piedras para los pendientes.
Las perlas y una joya que aún espera a su reina
El collar ruso, con sus 37 perlas naturales, es descrito como una de las joyas más elegantes del lote. Por su parte, el gran collar de cuatro vueltas de perlas naturales es la pieza más imponente del conjunto, pero ni Sofía ni Letizia lo han llevado en público debido a su carácter grandioso.

El broche de perla gris destaca por la tonalidad excepcional de su perla central, lo que lo convierte en una rareza dentro del joyero real. Letizia lo ha lucido en actos sobrios, especialmente en encuentros con otras casas reales.
La Peregrina, la joya que salió del lote
Durante siglos, la perla conocida como “La Peregrina” formó parte del lote de pasar. Tras múltiples episodios históricos, terminó en manos de Elizabeth Taylor y fue subastada por más de 11 millones de dólares.

El broche del que colgaba tampoco permanece en el Palacio de la Zarzuela. Pertenece a Simoneta Gómez-Acebo, quien lo recibió como regalo de boda.





