Un nuevo estudio en una formación rocosa del este de Turquía, muy cerca del monte Ararat, ha reabierto una de las controversias más viejas de la arqueología bíblica: la posible existencia del Arca de Noé bajo tierra.
Investigadores que trabajan en el llamado sitio Durupinar afirman que escaneos del subsuelo habrían revelado una serie de cavidades y pasadizos que no encajan fácilmente con procesos geológicos naturales, lo que ha reavivado las teorías sobre una estructura artificial enterrada.
El equipo, liderado por el investigador Andrew Jones, ha empleado técnicas como el radar de penetración terrestre y análisis detallados de suelo para sondear el interior de una formación con forma de barco que lleva décadas siendo estudiada.
Los resultados preliminares indican la presencia de estructuras internas que algunos miembros del equipo interpretan como corredores o compartimentos similares a la disposición de una embarcación, lo que ellos relacionan con la descripción tradicional del Arca en los relatos antiguos.
Otro de los datos que más ha llamado la atención es la coincidencia aproximada entre las dimensiones de la formación y las medidas que la tradición bíblica atribuye al Arca, además de ciertas diferencias químicas en el suelo entre el interior y el exterior del montículo. Se han detectado variaciones en el contenido orgánico, en los niveles de potasio y en la acidez, que algunos expertos vinculan con la posible descomposición de material orgánico antiguo, aunque estas interpretaciones continúan siendo muy discutidas.
Frente a estas hipótesis, varios geólogos y especialistas en formaciones sedimentarias recuerdan que montículos con siluetas similares pueden generarse de forma natural por erosiones, deslizamientos de tierra y compactación de sedimentos durante miles de años.
Desde este punto de vista, la mayoría del mundo académico sostiene que, por ahora, no existe evidencia concluyente de construcción humana en el lugar y que aún faltan pruebas sólidas para confirmar la teoría del Arca enterrada.
Pese a la escepticidad científica, el interés mediático y religioso alrededor de Durupinar ha crecido con cada nuevo estudio. El equipo de Jones mantiene que sus hallazgos abren una investigación seria y no solo una narrativa de fe, y adelanta que seguirá recopilando datos mediante técnicas no invasivas, con la posibilidad de futuras perforaciones controladas para obtener muestras más profundas del subsuelo.
La búsqueda del Arca de Noé en Turquía sigue atrayendo a investigadores, creyentes y turistas, convirtiendo el sitio en un cruce entre ciencia, mito y devoción. Mientras el debate entre lo que puede ser un fenómeno geológico excepcional y una embarcación del diluvio continúa, el misterio del supuesto Arca bajo tierra mantiene a la comunidad internacional con la mirada fija en las laderas del monte Ararat.





