Un perro aporta muchos beneficios a la salud mental durante la soledad
Bienestar

Un perro aporta muchos beneficios a la salud mental durante la soledad

Globo 98.9•hace 12h

Una revisión en Psychology Today reunió estudios que asocian convivir con perros a menor estrés, más rutina y menos aislamiento, sin sustituir tratamiento psicológico.

Rutina, actividad física y contacto social

Cuidar un perro implica atender horarios de alimentación, higiene, juego y paseos, una secuencia que puede ordenar el día y fomentar que las personas salgan de casa con regularidad. La investigadora Diane Dreher reunió en Psychology Today trabajos sobre los efectos físicos y emocionales vinculados a la relación con perros, que incluyen estudios sobre ansiedad, depresión, estrés, apego infantil, adultos mayores y terapias asistidas con animales.

Además, los recorridos con el animal facilitan contactos breves con otras personas en plazas, veredas o parques. Para quienes viven solos, esa presencia regular puede reducir la percepción de aislamiento y ofrecer una razón concreta para sostener hábitos cotidianos.

Cortisol, oxitocina y el vínculo con el bienestar

Dreher refiere investigaciones que asocian la tenencia de perros y los intercambios positivos con ellos a niveles más bajos de cortisol, hormona que participa en la respuesta al estrés. Otros estudios observan variaciones en oxitocina —sustancia relacionada con los vínculos sociales y la confianza— después del contacto visual o físico entre perros y sus cuidadores.

Una revisión de Andrea Beetz, Kerstin Uvnäs-Moberg, Henri Julius y Kurt Kotrschal, publicada en 2012, analizó los mecanismos biológicos que podrían explicar por qué el contacto afectivo con un animal se relaciona con mayor calma en algunas personas. Sin embargo, los expertos aclaran que una asociación entre convivir con un perro y determinados indicadores de bienestar no prueba que el animal sea la causa única de esos cambios.

Niños, adultos mayores y perros de servicio

Para niños y adolescentes, los perros pueden funcionar como figuras de apego que ofrecen una interacción previsible y libre de juicios. La revisión cita investigaciones de Lolo Jacques Mayer, Claude-Hélène Mayer y Denise Silcox sobre el papel de los animales en la regulación emocional infantil después de situaciones estresantes.

En el caso de los adultos mayores, Dreher señala que la compañía, el propósito y la estructura que ofrece el animal adquieren mayor relevancia cuando existen pocas oportunidades de interacción social o una red de apoyo limitada. Por su parte, los perros de servicio para personas con trastorno por estrés postraumático están entrenados para responder a cambios de conducta o señales de angustia, una función distinta a la de un animal de compañía convencional.

Terapia asistida y evidencia clínica

La presencia de perros entrenados se incorporó a consultorios, hospitales y programas de acompañamiento. Según las investigaciones recogidas por Dreher, un animal amigable en un espacio terapéutico puede ayudar a que ciertos pacientes se sientan más cómodos, aunque los resultados varían según la edad, el diagnóstico y el entorno de cada persona.

Un estudio de Danielle Brooks y colaboradores, publicado en 2018, examinó el papel de los animales de compañía para personas con problemas de salud mental. Los participantes describieron a sus perros como un apoyo para manejar síntomas, mantener rutinas y sentirse acompañados, aunque el trabajo se basó en experiencias reportadas y no permite atribuir por sí solo un efecto clínico directo.

Adoptar con responsabilidad, no como sustituto terapéutico

Incorporar un perro ante un período de tristeza o soledad requiere evaluar tiempo disponible, recursos económicos, atención veterinaria y las necesidades específicas del animal. Dreher precisa que tener un perro puede complementar estrategias de bienestar, pero no reemplaza la psicoterapia, la medicación indicada ni la consulta con profesionales de salud mental.

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