Los CDC y la OMS no declaran ganador entre secadores de aire y toallas de papel; ambos coinciden en que las manos húmedas propagan más gérmenes.
Lo que dice la ciencia sobre cada método
Tras lavarse las manos en un baño público, el secado completo es el factor central para reducir la transferencia de microorganismos. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) señalan que no existe suficiente evidencia científica para determinar si una toalla de papel o un secador de aire elimina mejor los gérmenes.
Un estudio publicado en 2014 comparó la dispersión de microorganismos generada por toallas de papel, secadores de chorro de alta velocidad y modelos convencionales de aire caliente. Según sus resultados, el secador de chorro liberó al aire 4.5 veces más bacterias que el de aire caliente y 27 veces más que las toallas de papel, además de ser el método asociado con mayor dispersión de gotas.
Sin embargo, esos resultados describen qué ocurre en el ambiente alrededor del equipo durante el secado, pero no establecen que usar un secador eleve el riesgo de enfermar. La presencia de bacterias o partículas en el entorno no equivale automáticamente a una transmisión de infecciones.
Secadores de chorro, los más cuestionados
La médica consultora Gail Clifford explicó al sitio especializado Martha Stewart que las toallas de papel pueden ofrecer una ventaja si la prioridad es limitar la dispersión de microorganismos dentro del baño. En particular, los secadores de chorro de alta velocidad han mostrado mayores niveles de bacterias y gotas en el entorno inmediato que los aparatos de aire caliente convencionales y las toallas de papel, según estudios comparativos.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la humedad que permanece en las manos después del lavado puede influir en la transmisión de patógenos hacia otras superficies. Sus directrices para entornos comunitarios recomiendan elegir métodos que no recontaminen las manos y mencionan las toallas de papel limpias de un solo uso como opción.
Asimismo, el documento de la OMS precisa que ninguna modalidad mostró una reducción superior de forma consistente en todos los estudios revisados. En el ámbito de la atención sanitaria, la organización recomienda secar las manos con una toalla de un solo uso y utilizarla también para cerrar el grifo.
La técnica define el resultado, no el aparato
El médico certificado Steven Goldberg, consultado por el mismo medio, señaló que las manos mal secadas tienen más probabilidades de transmitir microorganismos que aquellas que quedaron totalmente secas. En términos prácticos, el objetivo es eliminar la humedad visible y no interrumpir el proceso cuando queda agua entre los dedos o en la palma.
Las recomendaciones de ambos organismos coinciden en acciones básicas para reducir ese margen:
- Frotar todas las superficies de las manos durante al menos 20 segundos al lavarlas con agua y jabón.
- Mantener las manos bajo el flujo de aire hasta que estén completamente secas si se usa un secador.
- Usar las toallas necesarias para retirar toda la humedad cuando se elige papel.
- Evitar secarse en la ropa, porque puede recontaminar las manos.
Ante las dos opciones disponibles en un baño público, la prioridad es no salir con las manos húmedas. La técnica de lavado, el secado hasta eliminar el agua visible y evitar una nueva contaminación al tocar superficies definen el resultado más que la preferencia por un dispositivo específico.





