Expertos advierten que piezas cerámicas antiguas con esmalte deteriorado o de origen desconocido pueden migrar plomo hacia alimentos y bebidas, especialmente los ácidos.
El plomo migra desde el esmalte hacia los alimentos
El plomo se utilizó históricamente en esmaltes y pinturas cerámicas para aportar brillo, suavidad y colores intensos. El problema surge cuando ese material se desprende o migra hacia comidas y bebidas, proceso que los alimentos ácidos favorecen.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) señala que el plomo del vidriado o las decoraciones puede migrar si una pieza no fue fabricada de forma adecuada. Además, advierte que lavar, hervir u otro procedimiento doméstico no elimina el metal de la cerámica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que no existe un nivel de exposición al plomo que se conozca como inocuo para la salud, y que este metal afecta múltiples sistemas del organismo. Los niños pequeños y las mujeres embarazadas constituyen los grupos más vulnerables.
Señales de alerta que identifican piezas de riesgo
Erika Marquez, doctora en salud pública y directora del Programa de Prevención de Intoxicación Infantil por Plomo de Nevada, explicó que el riesgo aumenta al cocinar, servir o comer en estas piezas. Su recomendación es directa: si una pieza está rota o presenta daños en el esmalte, no debe emplearse con comida.
La FDA pide prestar atención a piezas antiguas, dañadas, muy gastadas, hechas a mano o con colores naranja, rojo o amarillo intensos, así como a aquellas cuyo fabricante no puede identificarse. Sean Jennings, fundador y curador de una tienda de antigüedades en Boise, aconsejó revisar el reverso de cada objeto y extremar la precaución con artículos de mediados del siglo XX o anteriores.
Las siguientes condiciones ameritan retirar una pieza del uso alimentario:
- Grietas, desportilladuras, cuarteaduras o desgaste marcado del esmalte
- Superficies corroídas o con residuo blanquecino tras el lavado
- Decoraciones en relieve pintadas sobre el esmalte
- Falta de procedencia, indicación de uso alimentario o datos verificables de fabricación
- Mensajes que indiquen que el objeto es decorativo o que no debe usarse con alimentos
Los kits caseros tienen límites importantes
Los ensayos domésticos para detectar plomo pueden aportar una primera señal, pero Marquez advirtió que un resultado negativo no demuestra que una pieza esté libre del metal ni que sea segura para uso alimentario. La FDA precisa que estos dispositivos consisten en hisopos que cambian de color al detectar plomo liberable en la superficie.
El Departamento de Cambio Climático, Energía, Medio Ambiente y Agua de Australia precisó que esos kits son más útiles para identificar niveles elevados, pero no indican la cantidad exacta que una vajilla puede liberar. La medición precisa requiere una prueba de laboratorio, que puede ser costosa y, según el método, dañar la pieza.
La alternativa más segura es la vajilla moderna
Para el servicio de alimentos, la opción más prudente es elegir vajilla moderna, intacta y destinada expresamente a ese fin. Las piezas antiguas cuya composición no pueda verificarse pueden mantenerse como elementos de exhibición, siempre que permanezcan íntegras y fuera del alcance de niños.
La OMS detalla que el plomo puede acumularse en el organismo y causar efectos a largo plazo, entre ellos daños neurológicos en la infancia, hipertensión, problemas cardiovasculares y daño renal.





