El drama sudafricano en zulú entró al Top 10 de series no anglófonas en más de diez países y detonó debates globales sobre abuso emocional y manipulación en relaciones.
Un éxito que creció país por país
La serie de Netflix The Polygamist, adaptada de la novela homónima de la escritora zimbabuense Sue Nyathi publicada en 2012, ha acumulado más de 23 millones de visualizaciones desde su estreno. La producción sudafricana ingresó al Top 10 de series de televisión no habladas en inglés de la plataforma en más de una decena de países.
La coprotagonista Gugu Gumede describió a CNN cómo el alcance se fue expandiendo de forma inesperada. “Comenzó en Sudáfrica. Ese fin de semana fue una locura. Luego, cada nuevo día te despertabas y era como si se hubiera descubierto un nuevo país”, señaló. “Nos llamábamos entre nosotros y decíamos: ‘¿Qué está pasando?'”
Gumede indicó que el fenómeno también tuvo un impacto directo en su visibilidad personal: “He ganado más de 250.000 nuevos seguidores solo en Instagram. Esto ha hecho que nosotros y nuestro trabajo seamos vistos por personas que nunca habrían pensado en ver historias sudafricanas”.
Jonasi: el personaje que el público no puede separar del actor
El actor S’dumo Mtshali interpreta a Jonasi, el carismático pero manipulador esposo en el centro de la historia. Su actuación ha generado una reacción tan intensa que los fanáticos tienen dificultades para separar al actor del personaje. “La gente empieza a compartir sus propias historias personales. Se me acercan como si yo fuera Jonasi”, explicó Mtshali a CNN.
El propio Mtshali reconoció el impacto con humor: “Me hago cargo de ser el hombre más odiado de Netflix… hasta que Netflix me dé otro programa”. El actor precisó, sin embargo, que desde el inicio entendió que el personaje no representaba la poligamia como práctica cultural. “Yo sabía que esto no es poligamia. Esto es suciedad. Este tipo es una bestia absoluta”, afirmó.
Mtshali detalló que abordó al personaje como alguien que ejerce el poder de manera distinta con cada mujer en su vida. “Sabía que iba a ser diferente a través de cada una de estas perspectivas: diferente con esta mujer, diferente con aquella mujer”, agregó.
Narcisismo e infidelidad, no poligamia
Gumede coincidió en que la serie provocó una conversación que va más allá de su título. “La mayor conversación que generó fue la infidelidad versus la poligamia. Jonasi no era un polígamo en el sentido verdadero. Era un narcisista, un infiel serial que justificaba sus engaños”, indicó. Describió la serie como “un espejo que se le puso a la sociedad”, que llevó a los espectadores a preguntarse sobre sus propias dinámicas relacionales.
Kiaundra Jackson, terapeuta familiar y de pareja con licencia en Los Ángeles, explicó a CNN por qué el personaje resonó en audiencias de culturas distintas. “Honestamente siento que resonó porque la gente se ve reflejada en ello. Quizás lo experimentaron en carne propia. Quizás lo presenciaron al crecer”, señaló.
Jackson precisó que Jonasi muestra de forma consistente comportamientos asociados con el trastorno narcisista de la personalidad, incluyendo manipulación, falta de empatía, incapacidad para aceptar críticas y necesidad de control. “Lo que lo hace complicado es que personas así suelen ser muy carismáticas. Detrás de escena, pueden convertirse en una pesadilla”, advirtió.
La serie como lenguaje para nombrar el abuso
Jackson valoró el efecto que la ficción puede tener en quienes reconocen situaciones propias en pantalla. “Cuando la gente ve a alguien actuando exactamente como su pareja, se da cuenta de que ‘esto no solo me está pasando a mí’. Le da a las personas un lenguaje para experiencias que tal vez nunca hayan podido nombrar”, explicó.
Mtshali confirmó que ese fenómeno ocurre incluso en sus encuentros cotidianos: “Desconocidos me detienen para contarme sobre personas en sus propias vidas”. Por su parte, Gumede sostuvo que el éxito de la serie abre una puerta más amplia para la industria: “Ha puesto el foco en la narración sudafricana. La gente pregunta: ‘¿Qué otras series sudafricanas debería ver?'”
Mtshali agregó que espera que el alcance global se traduzca en mejores condiciones para los actores sudafricanos, muchos de los cuales aún no reciben pagos residuales cuando las series se licencian internacionalmente. “Hemos visto lo grande que puede ser nuestra narración. Ahora las cosas tienen que cambiar”, concluyó.





