El acicalamiento entre gatos no siempre significa afecto
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El acicalamiento entre gatos no siempre significa afecto

Globo 98.9hace 14h

Un estudio en Applied Animal Behaviour Science revela que los gatos usan el lamido para desplazar a otros sin agresión directa, analizando 106 felinos en 53 hogares.

Lamer para desplazar, no para cuidar

La investigación, liderada por Morgane J.R. Van Belle junto a un equipo de la Universidad de Gante y otras instituciones europeas, identificó dos patrones completamente distintos en el acicalamiento social entre gatos. El primero coincide con la lectura tradicional: posturas relajadas y simétricas seguidas de juego o descanso conjunto. El segundo revela algo diferente.

En numerosas ocasiones, el gato que iniciaba el lamido permanecía de pie mientras el otro estaba tumbado o sentado, una postura claramente asimétrica. Poco después aparecían señales de tensión: orejas giradas hacia atrás, lamidos de labios, sacudidas de cabeza, mordiscos y golpes con las patas, comportamientos que los etólogos consideran indicadores de conflicto.

Sin embargo, en muchos de esos casos la situación no terminaba en pelea. El gato acicalado simplemente se levantaba y abandonaba el lugar sin que mediara una agresión directa. Los investigadores describen este mecanismo como una forma de presión social sin violencia explícita.

Hogares filmados como laboratorio

Para el estudio, el equipo solicitó a propietarios con dos gatos que grabaran escenas espontáneas de convivencia en sus propios hogares. El análisis reunió videos de 53 hogares y permitió estudiar las interacciones de 106 gatos adultos mediante un etograma de 23 comportamientos distintos.

Los investigadores no se limitaron a contabilizar lametones. También registraron qué ocurría antes, durante y después de cada episodio, así como la postura corporal de ambos animales, la posición de las orejas, los movimientos de la cola y señales asociadas al estrés.

La zona del lamido como pista

Uno de los primeros hallazgos fue la ubicación de los lametones. Cuando un gato se limpia solo, dedica la mayor parte del tiempo al torso, las patas y la cola. Cuando lame a otro, concentra la inmensa mayoría de los contactos en la cabeza, el cuello y las orejas. Si el objetivo fuera exclusivamente higiénico, lo esperable sería que el gato alcanzara las zonas que su compañero tiene más dificultad para limpiar por sí mismo, algo que apenas ocurrió.

El estudio plantea que el lamido insistente en esas zonas puede generar una situación suficientemente incómoda para que el otro animal se marche por iniciativa propia, funcionando así como una herramienta de negociación social más sutil que un zarpazo.

Sincronía corporal, la clave para leer la convivencia

Según la investigación, ningún comportamiento debería interpretarse de forma aislada. Ver a dos gatos lamiéndose no es suficiente para concluir que mantienen una relación armoniosa; lo que importa es el conjunto: las posturas, la simetría entre ambos animales y los gestos que aparecen antes y después del contacto.

Si ambos permanecen relajados y adoptan posiciones similares, probablemente se trate de una interacción amistosa. Si uno permanece erguido y el otro muestra orejas hacia atrás o acaba por alejarse, el significado puede ser radicalmente distinto, señala el estudio.

Asimismo, los investigadores advierten que muchas situaciones de tensión crónica en hogares con varios gatos pasan desapercibidas porque nunca derivan en peleas visibles. Pequeñas señales repetidas a lo largo del tiempo pueden indicar que la convivencia no es tan equilibrada como parece, y detectarlas a tiempo permitiría mejorar la gestión del espacio y el bienestar de los animales.

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