Especialistas en neurología explican cómo tener un hobby como tejer, cocinar o hacer cerámica fortalece la atención sostenida y puede reducir el estrés.
Actividades manuales estabilizan la atención en lugar de fragmentarla
Ailin Tomio, licenciada en Psicología y Neurociencias por la Universidad Favaloro y magíster en Psicología Social y del Consumidor por NYU, señaló que las actividades manuales presentan un perfil cognitivo distinto al del uso pasivo de dispositivos. “En lugar de fragmentar la atención, la estabilizan. Requieren coordinación entre sistemas sensoriales, motores y ejecutivos, lo que favorece una activación más integrada del cerebro”, indicó.
La especialista vinculó este efecto con el concepto de flow desarrollado por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi. Según explicó, actividades como dibujar, tejer o trabajar con cerámica pueden generar períodos de concentración profunda, caracterizados por atención sostenida, percepción de control y menor sensación de esfuerzo.
La hiperestimulación digital dificulta sostener la atención
El neurólogo Alejandro Guillermo Andersson, director del Instituto de Neurología Buenos Aires, sostuvo que la exposición constante a recompensas inmediatas y novedades puede dificultar el inicio y sostenimiento de actividades cuyos resultados aparecen a más largo plazo. Sin embargo, introdujo una distinción clave: “El problema no es la tecnología en sí, sino el uso pasivo y fragmentado. Un libro en formato digital leído con atención sostenida activa los mismos circuitos que un libro en papel. El dispositivo es neutral; el modo de uso no lo es”, afirmó.
Andersson identificó entre las regiones cerebrales vinculadas con la atención y las funciones ejecutivas la corteza prefrontal dorsolateral, el cíngulo anterior y el hipocampo. Precisó que estas estructuras necesitan ejercicio cognitivo sostenido para desarrollar y conservar determinadas capacidades.
El costo cognitivo del cambio constante de atención
Tomio advirtió que dedicar gran parte del tiempo al consumo de redes sociales, en detrimento de actividades como leer o hacer ejercicio, puede modificar las habilidades que se practican regularmente. Esto se debe, explicó, a que la plasticidad cerebral implica que las conexiones más utilizadas tienden a fortalecerse, mientras las menos empleadas pueden debilitarse.
La psicóloga también mencionó el denominado switching cost, el costo cognitivo asociado a cambiar repetidamente el foco de atención. Citó investigaciones de Sophie Leroy sobre atención residual tras cambiar de tarea, y trabajos de Adam Gazzaley y Larry Rosen sobre múltiples estímulos digitales y distractibilidad. Andersson agregó que el scrolling puede sentirse subjetivamente como descanso aunque el sistema nervioso continúe procesando numerosos estímulos.
Las manos ocupan un territorio cortical considerable
Andersson explicó que el denominado homúnculo de Penfield muestra que las manos ocupan un territorio cortical considerable en el cerebro, debido a su sensibilidad y a la precisión de sus movimientos. “Cuando tejemos, amasamos, tallamos o escribimos a mano, estamos activando circuitos motores, propioceptivos, visuales y de atención de forma integrada”, detalló, en contraste con deslizar un dedo por una pantalla, que supone una demanda motora mucho más limitada.
El neurólogo indicó además que algunas actividades manuales repetitivas comparten características con prácticas de atención focalizada: mantienen a la persona concentrada en el presente e incorporan movimientos previsibles con retroalimentación sensorial inmediata. Según su explicación, esta dinámica puede favorecer la activación parasimpática y contribuir a reducir la respuesta fisiológica al estrés, incluido el cortisol.
Aprender un oficio en la adultez y reserva cognitiva
Andersson relacionó el aprendizaje de destrezas manuales en la adultez con el concepto de reserva cognitiva, entendida como la capacidad del cerebro para afrontar cambios o daños mediante la riqueza y flexibilidad de sus redes. Detalló que actividades de dificultad progresiva como carpintería, música o cerámica demandan atención, memoria procedimental, coordinación visomotora y planificación espacial.
El especialista señaló que estudios longitudinales han asociado una mayor estimulación cognitiva y motora a lo largo de la vida con una menor incidencia clínica de demencia. “Hay una diferencia crucial entre usar la tecnología como herramienta activa para crear, aprender, comunicar, y usarla como fuente pasiva de estímulo. El cerebro no mejora por lo que recibe, sino por lo que hace”, sostuvo.
Qué activa cada tarea manual en el cerebro
Tomio mencionó un estudio liderado por Betsan Corkhill, publicado en 2014 en Textile, que encontró una asociación entre tejer, menor ansiedad y mayor bienestar subjetivo. La psicóloga sostuvo que las tareas manuales también pueden ayudar a ejercitar la capacidad de permanecer concentrado frente a estímulos lentos y con menor carga emocional.
Los especialistas identificaron perfiles cognitivos distintos según la actividad: la carpintería combina geometría, cálculos y planificación; el tejido demanda coordinación ojo-mano y motricidad fina; el origami exige memoria de trabajo y comprensión geométrica. La alfarería incorpora estímulos táctiles y coordinación bimanual, la jardinería suma planificación y contacto con ciclos biológicos, y la cocina integra varios sentidos junto con secuenciación y memoria de trabajo.





