El timo, glándula del sistema inmunitario, pierde hasta el 90% de su función a los 65 años. Nuevos estudios lo vinculan con la longevidad y el riesgo de cáncer.
Por décadas lo consideraron irrelevante
El timo es una glándula ubicada en el tórax, responsable de la maduración de los linfocitos T, células esenciales para el sistema inmunitario. Durante décadas, la comunidad científica lo consideró un órgano vestigial; el Nobel de Medicina Peter Medawar llegó a describirlo como “un accidente evolutivo de escasa importancia”.
Ese consenso comenzó a cambiar en los años 60, cuando el inmunólogo Jacques Miller demostró que los ratones sin timo morían fácilmente por infecciones al no poder generar suficientes células inmunitarias. El hallazgo impulsó la investigación sobre su función, que ahora se reconoce como esencial para la defensa contra infecciones y células malignas.
A los 65 años produce solo el 10% de lo que generaba en la infancia
En humanos, el timo sufre una involución acelerada tras la pubertad. A los 40 años produce solo una cuarta parte de las células T que generaba en la infancia y, a los 65, apenas alcanza el 10% de esa capacidad, según datos recogidos por la revista Nature.
Un trabajo publicado en esa misma revista utilizó inteligencia artificial para evaluar imágenes radiográficas de 25.031 personas y determinó que una mejor salud tímica se asocia con menor mortalidad por todas las causas, menor incidencia de cáncer y menor mortalidad cardiovascular, incluso tras ajustar por edad, sexo, tabaquismo y comorbilidades. Los resultados se replicaron en una cohorte independiente del Estudio del Corazón de Framingham.
En línea con esos hallazgos, una investigación de 2023 reveló que personas a quienes se les extirpó quirúrgicamente el timo presentaron casi tres veces más probabilidades de morir y el doble de probabilidades de desarrollar cáncer cinco años después de la operación, respecto a quienes conservaron el órgano. “Fue muy impactante”, señaló la inmunóloga Jennifer Cowan, citada por Nature, quien advierte que este tipo de hallazgos podría modificar la práctica clínica sobre la extirpación del timo.
Hormona del crecimiento, el primer intento de regeneración
El primer intento documentado de regeneración tímica en humanos fue realizado por el criobiólogo Gregory Fahy, quien se administró hormona del crecimiento durante un mes inspirado en un estudio previo en ratas. Según Nature, la masa funcional de su timo casi se duplicó según resonancias magnéticas, aunque los efectos sobre su salud general no resultaron concluyentes en ese momento.
Experimentos posteriores en animales profundizaron esa línea: un estudio publicado en PNAS describió que el implante de células secretoras de hormona del crecimiento y prolactina permitió a ratas ancianas regenerar tejido tímico y restaurar la capacidad proliferativa de sus células T a niveles similares a los de animales jóvenes. En humanos, un informe presentado en Sage Journals documentó el caso de un voluntario de 46 años que, tras recibir hormona del crecimiento humana, evidenció un aumento marcado de la masa funcional tímica, superando en más de tres desviaciones estándar la media esperada para su edad.
El enfoque más avanzado actualmente es un cóctel de hormonas desarrollado por el propio Fahy y probado en un pequeño grupo de voluntarios. Tras un año de tratamiento, se observó una reversión promedio de dos años y medio en los “relojes epigenéticos” de los participantes, aunque la estrategia sigue en fase experimental a la espera de validación en estudios de mayor escala.
Empresas biotecnológicas invierten decenas de millones de dólares
El renovado interés por el timo captó la atención de empresas e inversores. En enero, la compañía suiza TECregen recaudó 12,4 millones de dólares para desarrollar terapias de regeneración tímica con el objetivo de ralentizar el envejecimiento y prevenir el cáncer. En octubre pasado, la estadounidense Zag Bio obtuvo una financiación inicial de 80 millones de dólares para avanzar en el mismo campo.
Asimismo, surgieron iniciativas como Thymofox, Tolerance Bio y Thymmune Therapeutics, que exploran el uso de anticuerpos, células madre y otras estrategias para restaurar la función tímica. “El interés actual en este campo es enorme”, afirmó Marcel van den Brink, presidente de City of Hope y cofundador de Thymofox, en declaraciones recogidas por Nature.
Obstáculos técnicos frenan su aplicación clínica
A pesar de los avances, persisten retos significativos. Uno de los principales es lograr que las terapias actúen específicamente sobre el timo, ya que este órgano carece en su mayoría de proteínas de superficie únicas que permitan dirigir los fármacos con precisión. Además, muchas de las moléculas candidatas deben administrarse por vía intravenosa, lo que dificulta su uso a largo plazo.
Los estudios actuales tampoco aclararon si la regeneración del tamaño del timo se traduce en una restauración funcional integral de la inmunidad. “Es fácil observar que se restablece el tamaño, pero no está tan claro si se conserva o no la funcionalidad completa”, advirtió la microbióloga Ann Griffith, citada por Nature.
Subsisten además cuestiones sobre posibles efectos secundarios, como el aumento del riesgo de cáncer y alteraciones metabólicas asociadas al uso prolongado de hormonas. La mayoría de las investigaciones se encuentra en etapas iniciales, y se espera que los resultados de los ensayos en curso aporten respuestas sobre la viabilidad clínica de la regeneración tímica en humanos.





