Seis trucos ancestrales de jardinería que la ciencia avala
Bienestar

Seis trucos ancestrales de jardinería que la ciencia avala

Globo 98.9hace 10h

Especialistas en horticultura respaldan prácticas transmitidas por generaciones, desde compostar el suelo hasta recoger caracoles al amanecer, como alternativas sostenibles a los agroquímicos.

Alimentar la tierra antes que la planta

Mary Phillips, responsable de estrategia de hábitat de plantas nativas en la National Wildlife Federation (NWF), recupera el principio central de sus abuelos: enriquecer el suelo con compost, estiércol madurado y mantillo de hojas cada primavera y otoño, en lugar de recurrir a fertilizantes químicos.

La Royal Horticultural Society (RHS) respalda ese enfoque desde su proyecto de salud del suelo iniciado en 2025 en RHS Wisley. El organismo afirma que la materia orgánica mejora la estructura del suelo, su fertilidad y la actividad microbiana. “Un suelo sano sostiene un ecosistema diverso, mejora la retención de agua y reduce la dependencia de fertilizantes sintéticos”, declaró Phillips.

Nunca dejar el suelo expuesto

Phillips señala que sus abuelos cubrían el terreno con paja, hojas trituradas o astillas de madera sin tintes; cuando no disponían de mantillo, plantaban cubiertas vegetales. La Universidad de Minnesota documenta que el acolchado reduce la evaporación superficial y suprime las malezas al bloquear la luz solar. “El suelo desnudo se erosiona con facilidad y se seca rápidamente”, advirtió la experta.

Una práctica sin respaldo suficiente: el pelo humano

La diseñadora de jardines Linda Vater recibió de sus abuelos el uso de cabello de cepillo para ahuyentar plagas mediante el olor humano. Sin embargo, la propia Vater expresó reservas: el método exige renovar el cabello con frecuencia y carece de evidencia sólida. La RHS recomienda en su lugar incorporar plantas resistentes a plagas —con espinas o texturas ásperas— como barrera perimetral alrededor de especies más vulnerables.

Cáscaras de banana para los rosales

Wes Harvell, experto en rosas de Jackson & Perkins, aprendió de sus mayores a enterrar cáscaras de banana al pie de los rosales para estimular floraciones más abundantes. La práctica tiene fundamento, pues las cáscaras aportan potasio, aunque Harvell advierte que ese mineral es solo uno de los nutrientes que los rosales requieren.

Por ello, el especialista recomienda realizar un análisis de suelo antes de cualquier enmienda. En su propia rutina, tritura o licúa las cáscaras antes de incorporarlas al compost, o las remoja en agua varios días para obtener un abono líquido. “Es una forma simple y sostenible de reutilizar residuos y alimentar el suelo de manera natural”, declaró.

La ronda matutina contra caracoles

El arquitecto paisajista Pieter Croes recuerda que su abuelo recorría el huerto cada mañana, antes del desayuno, para recoger caracoles y retirarlos del jardín. Esa rutina mantenía las plagas a raya y convertía el mantenimiento en un momento de observación. La RHS coincide con este enfoque al aconsejar tolerar cierto nivel de daño en las hojas y evitar pesticidas ante los primeros signos de afectación, con el fin de sostener la cadena alimentaria del jardín.

El jardín como sistema vivo

Phillips rescata la lección más intangible que su abuelo le transmitió: cultivar un vínculo con el entorno natural y concebir el jardín como un sistema en el que todo está interconectado. La RHS refuerza esa visión al señalar que los jardines pueden funcionar como microhábitats que sostienen la biodiversidad local cuando se diseñan con criterios de convivencia con la vida silvestre.

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